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Educación canina respetuosa

Mi perro gruñe cuando le quito algo: ¿qué significa y qué debo hacer?

Foto del escritor: tribualebrije
tribualebrije
27 sept
5 min de lectura

Tu perro tiene algo.

Puede ser comida. Un juguete. Un hueso. Su cama. O ese maravilloso calcetín que llevaba tres días ignorando hasta que tú has decidido que necesitas recuperarlo.

Te acercas.

Tu perro se queda más quieto.

Quizá baja la cabeza sobre lo que tiene.

Te mira.

Intentas cogerlo.

Y gruñe.

Y aquí aparece uno de los grandes clásicos de la convivencia entre humanos y perros:

“A mí no me puede gruñir.”

Así que nos acercamos más y se lo quitamos. Porque tendrá que aprender quién manda.

Y enhorabuena: quizá acabamos de confirmar exactamente aquello que nuestro perro estaba intentando evitar.

Que cuando nos acercamos a sus cosas, las pierde.

El gruñido no es una declaración de guerra. Tampoco significa automáticamente que tengas un perro dominante, agresivo o preparando un golpe de Estado desde el sofá.

Muchas veces estamos ante un problema relacionado con la protección de recursos.

Y antes de intentar eliminar el gruñido, quizá deberíamos preguntarnos por qué el perro siente que necesita utilizarlo.

¿Qué es la protección de recursos en perros?

Hablamos de protección de recursos cuando un perro muestra determinadas conductas destinadas a conservar el acceso a algo que considera valioso.

Y no tiene que ser únicamente comida.

Puede ocurrir con juguetes, mordedores, objetos robados, una cama, el sofá, determinados espacios o incluso, en algunos casos, con el acceso a una persona.

Lo importante no es cuánto valor tiene ese recurso para nosotros.

Lo importante es cuánto tiene para el perro.

Porque ese calcetín viejo puede parecernos una absoluta basura.

Pero si nuestro perro lo coge, salimos corriendo detrás de él y de repente media familia está negociando su devolución…

igual acabamos de conseguir que el calcetín cotice en bolsa.

¿Por qué mi perro gruñe cuando intento quitarle algo?

Imagina una secuencia que se repite:

Tengo algo → mi humano se acerca → me lo quita.

Otra vez.

Tengo algo → se acerca → desaparece.

No hace falta demasiado tiempo para empezar a anticipar lo que viene después.

Nuestra aproximación puede acabar significando:

“Cuidado, que vienen a quitarte lo que tienes.”

Y el perro puede empezar a responder alejándose con el objeto, comiendo más deprisa, quedándose rígido, colocándose encima del recurso, mostrando los dientes, gruñendo o, en situaciones de mayor intensidad, llegando a morder.

Por eso nos interesa muchísimo lo que ocurre antes de la mordida.

El gruñido es información.

Nos está comunicando que esa situación le preocupa o le incomoda.

Y castigarlo hasta conseguir que deje de gruñir no significa necesariamente que hayamos solucionado aquello que sentía.

Podemos haber conseguido simplemente quitar una señal del camino.

Y tener un perro que sigue sintiéndose amenazado pero comunica menos antes de responder no parece precisamente una actualización premium.

“Tiene que dejarme quitarle cualquier cosa”

Esta idea está tremendamente extendida.

Hay que meter la mano en su comida.

Quitarle juguetes.

Retirar el hueso.

Y si gruñe, hacerlo todavía más para que “se acostumbre”.

Pensemos un momento desde el punto de vista del perro.

Tiene algo que considera valioso.

Le preocupa que se lo quitemos.

¿Y nuestra estrategia para demostrarle que no tiene motivos para preocuparse?

Quitárselo repetidamente.

Plan sin fisuras.

Nuestro objetivo no debería ser demostrar que podemos retirar cualquier cosa cuando queramos.

Queremos conseguir que nuestra aproximación no prediga automáticamente la pérdida de aquello que tiene.

Entonces, ¿qué hago si mi perro protege cosas?

Lo primero es evitar convertir cada situación en una batalla.

Si sabemos que nuestro perro roba determinados objetos, podemos empezar por algo tremendamente revolucionario:

no dejarlos a su alcance.

Sí. Guardar los calcetines también es educación canina.

Prevenir no significa ignorar el problema. Significa evitar que el perro practique veinte veces al día exactamente la secuencia que queremos modificar.

También podemos trabajar intercambios.

En lugar de aproximarnos únicamente para retirar, podemos empezar a construir situaciones en las que nuestra llegada prediga algo favorable.

Ofrecer algo de valor.

Trabajar el intercambio.

Y, cuando sea seguro y tenga sentido, incluso devolver determinados objetos durante los ejercicios.

Queremos romper la ecuación:

“Humano acercándose = se acabó lo bueno.”

Eso sí: si el perro ha cogido medicación, algo tóxico o un objeto peligroso, la prioridad cambia. Ahí necesitamos resolver la situación de la forma más segura posible.

Precisamente por eso merece la pena trabajar estas herramientas antes de necesitarlas en una emergencia.

Y si ya existen intentos de mordida o mordidas, no recomendamos improvisar metiendo las manos cerca de la boca para comprobar qué ocurre.

Spoiler: no necesitamos comprobarlo.

Tao: cuando acercarse empieza a significar “me lo van a quitar”

Tao, un labrador cachorro tumbado en casa

Actualmente estamos trabajando con Tao, un Labrador joven que tiene cierta afición por conseguir cosas que no debería.

Cuando coge un objeto o comida y su familia intenta retirárselo, puede llegar a responder con mordida.

Así que no estamos trabajando simplemente:

“Tao tiene que aprender a soltar.”

Nos interesa modificar algo que está ocurriendo antes.

Queremos cambiar la asociación:

“Se acercan a mí → voy a perder lo que tengo.”

Su familia está empezando a trabajar intercambios y aproximaciones diferentes para que su presencia no termine sistemáticamente en la retirada del recurso.

Porque si cada robo acaba en persecución, forcejeo y pérdida, Tao puede tener cada vez más motivos para proteger aquello que consigue.

Y no, el recurso no siempre es comida: el caso de Kitty

Kitty en un paseo durante una sesion de educacion canina

Kitty nos enseñó precisamente esto.

Cuando empezamos a trabajar con ella, una de las dificultades estaba relacionada con la protección de la cama.

El conflicto había llegado a generar inseguridad incluso en su propia humana a la hora de moverse en determinadas situaciones.

Por eso hablar de protección de recursos únicamente como “mi perro es posesivo con la comida” se nos queda bastante corto.

Tenemos que preguntarnos:

¿Qué considera valioso este perro?

¿Cuándo aparece el conflicto?

¿Qué hacemos nosotros cuando tiene ese recurso?

¿Y qué ha aprendido que ocurrirá cuando nos aproximemos?

Porque cada caso puede ser completamente diferente.

No queremos quitarle el gruñido. Queremos que deje de necesitarlo

Cuando trabajamos protección de recursos, nuestro objetivo no es conseguir un perro que permita que le quitemos absolutamente cualquier cosa sin protestar.

Queremos que tenga menos motivos para preocuparse cuando nos aproximamos.

Que existan intercambios seguros.

Que la familia pueda reconocer las señales antes de llegar a una respuesta intensa.

Que podamos prevenir conflictos.

Y que el perro no necesite subir cada vez más el volumen para conseguir que lo escuchemos.

Porque el gruñido no es una traición.

No es una falta de respeto.

Es información.

Podemos castigar al mensajero.

O podemos preguntarnos qué está intentando decirnos.

Nosotras preferimos la segunda.

Porque el objetivo no es tener un perro al que podamos quitarle cualquier cosa.

El objetivo es construir una relación en la que no necesite defender de nosotros aquello que tiene. ¿Tu perro gruñe, protege objetos o ha llegado a intentar morder cuando te acercas?

No esperes a que necesite responder con más intensidad para empezar a trabajarlo.

Cada caso de protección de recursos es diferente. Cuéntanos qué está ocurriendo y valoramos cómo podemos ayudaros.


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